Si llevas un tiempo coleccionando figuras de Funko te habrás dado cuenta de que la marca no se queda quieta: cada poco tiempo saca un formato nuevo, con otra caja, otro tamaño y otras reglas del juego. Los tres que más se cruzan en las estanterías son el Pop clásico, los Bitty Pop y los Soda. Se parecen en el aire de familia (cabezón, ojos negros, cuerpo estilizado), pero funcionan de manera muy distinta a la hora de coleccionarlos, exponerlos o cambiarlos con otros aficionados.
Vamos a ver qué define a cada uno, en qué se nota la diferencia cuando los tienes en la mano y por qué uno u otro te puede encajar mejor según cómo colecciones.
El Funko Pop clásico: el que todo el mundo tiene en la cabeza
El Pop de toda la vida mide alrededor de diez centímetros, aunque hay variantes más grandes (los Super Sized, los Jumbo) y los que incluyen vehículos o escenas, que ocupan bastante más. La figura es de vinilo rígido, con la cabeza desproporcionada respecto al cuerpo y muy poco detalle facial: dos puntos negros por ojos y poco más. Esa simplicidad es parte de su gracia, porque permite reconocer al personaje por la silueta, la ropa y los complementos antes que por la cara.
La caja es una ventana rectangular de cartón con la figura visible por delante. Cada Pop lleva un número impreso que lo identifica dentro de su línea (Marvel, Star Wars, anime, música…). Ese número no es correlativo entre temáticas, sino que cada franquicia tiene su propia numeración, y eso es lo que explica que haya varios Pop distintos con el mismo número si son de universos diferentes. Si te interesa cómo se organiza todo eso, lo contamos con calma en la guía sobre numeración de las colecciones.
Dentro de los Pop clásicos entran además las ediciones especiales: exclusivos de tiendas, variantes brillantes en la oscuridad, metálicos, chase (una versión alternativa que aparece de forma aleatoria en un porcentaje de la tirada)… Estas versiones son las que suelen revalorizarse, y por eso en este artículo sobre Pop exclusivos explicamos cómo distinguirlos y por qué cuestan lo que cuestan.
El Bitty Pop: la versión miniatura
Los Bitty Pop son, literalmente, Pop en pequeño. Rondan los dos centímetros y medio, menos de la cuarta parte de un Pop normal. Se venden en packs de cuatro figuras: tres personajes visibles y uno misterioso que no sabes cuál es hasta abrir la caja. Esa mecánica de sorpresa es parte del formato, porque entre esos misteriosos puede haber versiones poco comunes.
El cambio no es solo de tamaño. La caja también es distinta: viene con una especie de estuche transparente apilable, pensado para que montes varias cajas una encima de otra como si fueran bloques. Es un guiño directo al coleccionista que no tiene espacio o que prefiere exponer sin romper la caja. Aun así, los Bitty se pueden sacar y colocar sueltos, y encajan en pequeñas vitrinas o estantes estrechos donde un Pop grande no cabría.
Lo que pierdes al bajar de escala es detalle. En un cuerpo tan pequeño, la pintura es más esquemática y los complementos quedan apenas insinuados. A cambio ganas la posibilidad de reunir muchísimos personajes en muy poco sitio, y de combinar franquicias (puedes tener a tu lado un pack de Harry Potter y otro de Disney ocupando lo que ocuparía un solo Pop normal). Para quien colecciona por acumular caras conocidas más que por el tamaño de la figura, el formato tiene sentido.
El Funko Soda: la lata que esconde una figura
El Soda juega en otra liga. En lugar de caja de cartón, viene en una lata metálica cerrada parecida a un refresco antiguo, con su anilla y todo. Hay que abrirla para ver la figura, que va dentro envuelta en un soporte de plástico. Dentro de cada lata puede haber una versión común o una chase, con una tirada mucho más baja. En algunas ediciones, abrir una lata y encontrar la variante rara es parte de la emoción del formato.
La figura de dentro también es distinta a un Pop. Mantiene el estilo cabezón, pero las proporciones cambian: suele tener el cuerpo más estilizado, con más detalle en la pose y los acabados, y a menudo tamaños ligeramente mayores que un Pop estándar. Cada Soda indica en la lata el tamaño total de la tirada mundial, algo que no verás en un Pop normal. Eso convierte al Soda en un formato pensado para quien le da importancia a la tirada limitada y a la rareza.
Hay un detalle que conviene tener claro: una vez abres la lata, deja de estar cerrada para siempre. No se puede volver a sellar, así que la figura pasa a estar expuesta sin su envase original tal cual venía. Muchos coleccionistas compran dos: una para abrir y otra para guardar cerrada. Otros abren todas y conservan la lata vacía como parte de la exposición. No hay norma, pero conviene decidirlo antes de tirar del anillo.
En qué se nota la diferencia cuando los coleccionas
Más allá del tamaño, los tres formatos piden cosas distintas:
- Espacio. Un Pop normal con caja pide una balda con algo de fondo y altura. Un Bitty cabe en cualquier hueco. Un Soda ocupa parecido a un Pop, pero la lata es cilíndrica y rueda, así que necesita apoyo.
- Conservación. Las cajas de cartón de los Pop se marcan con el roce y amarillean con la luz directa. Las latas de Soda aguantan mejor los golpes pero pueden abollarse. Los estuches de los Bitty, al ser plástico, resisten bien el polvo pero se rayan. Si te preocupa cómo mantenerlo todo en buen estado, hablamos de ello en esta guía sobre luz, polvo y caja.
- Variantes aleatorias. En el Pop clásico el chase aparece en una fracción de la tirada general. En el Bitty, la cuarta figura del pack siempre es sorpresa. En el Soda, la rareza va dentro de la lata y no la ves hasta abrir. Son tres maneras distintas de incorporar el azar al coleccionismo.
- Catálogo disponible. El Pop normal cubre prácticamente cualquier franquicia imaginable, desde Star Wars hasta grupos de música. El Bitty y el Soda tienen catálogos más reducidos y se centran en personajes muy populares.
Cuál encaja con qué tipo de coleccionista
Si lo que te gusta es tener a tus personajes favoritos reconocibles y en caja, con posibilidad de ir completando sagas enteras, el Pop clásico es el formato que más opciones te da. Si te interesan los personajes pero el espacio es un problema, o te atrae la idea de montar colecciones amplias sin llenar la casa, el Bitty tiene lógica. Y si vas detrás de tiradas pequeñas, numeradas y con el componente de abrir sin saber qué te va a tocar, el Soda es el que ofrece esa experiencia.
No son excluyentes. Mucha gente combina los tres: tiene sus Pop grandes de las sagas que más le importan, llena huecos con packs de Bitty y guarda algún Soda sin abrir como pieza suelta. En el fondo son tres maneras distintas de contar lo mismo, y cada formato aporta algo que los otros dos no te dan.